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miércoles, 2 de octubre de 2024

Los primeros versos del Poema del Cid

Sigue el arranque del Cantar de Mío Cid, conservado en un manuscrito del siglo XIV en la Biblioteca Nacional de España. Se trata de la única copia manuscrita del cantar de gesta medieval más antiguo que conservamos completo. Podéis consultar su digitalización aquí.

Primer folio del manuscrito del Cantar de mío Cid (BNE, VITR 7/17) 


De los sos oios tan fuerte mientre lorando
Tornaua la cabeça e estaua los catando:
Vio puertas abiertas e vços sin cannados,
Alcandaras uazias sin pielles e sin mantos,
E sin falcones e sin adtores mudados.
Sospiro Myo Çid ca mucho auie grandes cuydados.
Ffablo Myo Çid bien e tan mesurado:
Grado a ti Sennor Padre que estas en alto,
Esto me an buelto myos enemigos malos.
Alli pienssan de aguiiar, alli sueltan las riendas:
A la exida de Biuar ouieron la corneia diestra,
E entrando a Burgos ouieron la siniestra.
Meçio Myo Çid los ombros e engrameo la tiesta:
Albricia Albar Ffanez ca echados somos de tierra.
Myo Çid Ruy Diaz por Burgos entraua.
En su conpanna LX pendones leuaua: exien lo ver mugieres e uarones.
Burgeses e burgesas por las finiestras son puestos.
Plorando de los oios, tanto auyen el dolor.
De las sus bocas todos dizian una razon:
Dios, que buen vassalo si ouiesse buen sennor!
Conbidar le yen de grado, mas ninguno non osaua,
El rey don Alfonsso tanto auie la grand sanna.
Antes de la noche en Burgos del entro su carta,
Con grand recabdo e fuerte mientre sellada:
Que a Myo Çid Ruy Diaz que nadi nol diessen posada,


miércoles, 24 de octubre de 2018

Ejemplos medievales: el ratón de campo y el de ciudad

Prometía en clase ofrecer aquí diferentes versiones del cuento de la lechera; podréis encontrarlas pinchando en el enlace anterior. Interesa sobre todo la continuidad del motivo a través de los tiempos y la relación entre las antiguas y modernas fábulas (Esopo, Samaniego) y los ejemplos medievales (la doña Truhana de don Juan Manuel en El conde Lucanor). No conviene olvidar ese otro eslabón --si no inicio-- de la cadena que fue el Panchatantra.

Un gato con un ratón en la boca en un manuscrito del siglo XIII (Harley 928 f. 44v)

En el siguiente ejemplo del Libro de buen amor se aprecia muy bien la relación entre los ejemplos medievales y las fábulas protagonizadas por animales. Sigue lo que replica doña Garoza ante el cortejo y las insinuaciones de Trotaconventos en favor de don Melón de la Huerta. Se trata de una versión modernizada.


"Pero temo y recelo que yo engañada sea;
no quiero que me pase como al ratón de aldea
que con el de ciudad divertirse desea.
Voy a contarte el caso y acabe la pelea.

Mur de Guadalajara un lunes madrugaba
y fuese a Monferrado, en el mercado andaba;
un ratón de gran barba invitole a su cava,
convidole a comer ofreciéndole un haba.

Están en mesa pobre, buen gesto y buena cara,
si la comida es poca, en la amistad se ampara,
a los pobres manjares el placer los repara;
quedó muy satisfecho el de Guadalajara.

 La comida ya hecha, el manjar acabado,
convidó el de la villa al mur de Monferrado
para que fuese el martes a ver aquel mercado
y que, en correspondencia, fuera su convidado.

Le recibió en su casa y diole mucho queso,
mucho fresco tocino que no estaba salpreso,
enjundias, pan cocido, sin medida ni peso;
así, del aldeano crecía el embeleso.

Manteles de buen lino, una blanca talega
bien repleta de harina; el mur allí se pega;
 muchas honras y obsequios le hacía su colega,
alegría y buen rostro con la comida llega.

En la mesa, muy rica, mucha buena vianda,
a cual mejor es todo el manjar que allí anda,
y, además, el agrado que el ser huésped demanda;
solaz con mesa buena, a cualquier hombre ablanda.

Ya comiendo y holgando, en medio del yantar,
la puerta de la estancia comenzó a resonar;
su señora la abría, dentro quería entrar,
los ratones, de miedo, huyen al verla andar.

El de Guadalajara va al hueco acostumbrado,
mas el huésped corría acá y allá asustado,
sin saber en qué sitio se vería amparado;
a la pared se acoge, muy quieto y arrimado.

Cerrada ya la puerta y pasado el temor,
estaba el aldeano con fiebre y con temblor;
sosegábale el otro, dice:- Amigo, señor,
alégrate comiendo de todo a tu sabor.

Este manjar es dulce y sabe como miel.
Contestó el aldeano: -Veneno yace en él;
al que teme la muerte el panal sabe a hiel.
Solo para ti es dulce; tú solo come de él.

Para quien tiene miedo no existe dulce cosa,
falta el gusto de todo con la vida azarosa;
si se teme a la muerte, ni la miel es sabrosa,
toda cosa es amarga en vida peligrosa.

Prefiero roer habas, muy tranquilo y en paz,
que comer mil manjares, inquieto y sin solaz;
con miedo, lo que es dulce se convierte en agraz,
pues todo es amargura donde el miedo es voraz.

Mas,¿por qué me detengo aquí? Casi me mato
del miedo que pasé, porque me da el olfato
que, si al estar yo solo, hubiera entrado un gato,
me atrapara, sin duda, y me diera un mal rato.

Tú tienes grandes casas, pero mucha compaña,
comes muchos manjares, y eso es lo que te engaña;
mejor es mi pobreza en segura cabaña,
porque el hombre mal pisa y el gato mal araña.

Con paz y con sosiego es rica la pobreza,
para el rico medroso es pobre la riqueza,
tiene siempre recelo con miedo y con tristeza;
 la pobreza gozosa es segura nobleza.

Más valen en convento las sardinas saladas,
haciendo a Dios servicio con las monjas honradas,
que perder la mi alma con perdices asadas,
 quedando escarnecida como otras desgraciadas."

sábado, 20 de octubre de 2018

Ubi sunt en Jorge Manrique

Sigue modernizado el fragmento trabajado en clase de las Coplas que hizo don Jorge Manrique a la muerte del maestre de Santiago don Rodrigo Manrique su padre. 

En la imagen, verduras de las eras surgidas tras el trillo de la parva en las eras de Peñalver (Guadalajara). Estas verduras apenas duran unas semanas, lo que da pie a la metáfora sobre el paso del tiempo y el carácter efímero de la vida humana.

Verduras de las eras de Peñalver











XVI

¿Qué se hizo el rey don Juan?
Los infantes de Aragón
¿qué se hicieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué fue de tanta invención             
como trajeron?
Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
¿fueron sino devaneos?          
¿Qué fueron sino verduras
de las eras?




miércoles, 10 de octubre de 2018

El poder del dinero según el arcipreste

Entre los consejos que recibe el protagonista del Libro de buen amor se encuentra esta disertación sobre el poder del dinero, del que le recomiendan valerse para conseguir sus objetivos. Aquí copiamos sus primeras estrofas en versión modernizada.

Enxienplo de la  propiedat qu'el dinero ha



Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
al torpe hace discreto, hombre de respetar,
hace correr al cojo, al mudo hace hablar;
el que no tiene manos, bien lo quiere tomar.

Aun al hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten en hidalgo doctor;
cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
quien no tiene dineros no es de sí señor.

Si tuvieres dinero tendrás consolación,
placeres y alegrías y del Papa ración,
comprarás Paraíso, ganarás la salvación:
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.

Yo vi en corte de Roma, do está la santidad,
que todos al dinero tratan con humildad,
con grandes reverencias, con gran solemnidad;
 todos a él se humillan como a la Majestad.

Creaba los priores, los obispos, abades,
 arzobispos, doctores, patriarcas, potestades;
 a los clérigos necios dábales dignidades,
 de verdad hace mentiras; de mentiras, verdades.

 Hacía muchos clérigos y muchos ordenados,
 muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
 el dinero les daba por bien examinados:
 a los pobres decían que no eran ilustrados.

 Ganaba los juicios, daba mala sentencia,
 es del mal abogado segura mantenencia,
 con tener malos pleitos y hacer mala avenencia:
 al fin, con los dineros se borra penitencia.

E1 dinero quebranta las prisiones dañosas,
rompe cepos y grillos, cadenas peligrosas;
al que no da dinero le ponen las esposas.
¡Hace por todo el mundo cosas maravillosas!




martes, 26 de septiembre de 2017

Romance de la jura de santa Gadea



En santa Gadea de Burgos,   do juran los hijosdalgo,
allí le toma la jura   el Cid al rey castellano.

Las juras eran tan fuertes   que al buen rey ponen espanto;
sobre un cerrojo de hierro   y una ballesta de palo:

—Villanos te maten, Alonso,   villanos, que no hidalgos,
de las Asturias de Oviedo,   que no sean Castellanos;
mátente con aguijadas,   no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos,   no con puñales dorados;
abarcas traigan calzadas,   que no zapatos con lazo;
capas traigan aguaderas,   no de contray ni frisado;
con camisones de estopa,   no de holanda ni labrados;
caballeros vengan en burras,   que no en mulas ni en caballos;
frenos traigan de cordel,   que no cueros fogueados.
Mátente por las aradas,   que no en villas ni en poblado;
sáquente el corazón   por el siniestro costado;
si no dijeres la verdad   de lo que te fuere preguntando,
si fuiste ni consentiste   en la muerte de tu hermano.—

Jurado había el rey   que en tal nunca se ha hallado,
pero allí hablara el rey   malamente y enojado:
—Muy mal me conjuras, Cid,   Cid, muy mal me has conjurado;
mas hoy me tomas la jura,   mañana me besarás la mano.
—Por besar mano de rey   no me tengo por honrado,
porque la besó mi padre   me tengo por afrentado.
—Vete de mis tierras, Cid,   mal caballero probado,
y no vengas más a ellas   dende este día en un año.
—Pláceme, dijo el buen Cid,   pláceme, dijo, de grado,
tú me destierras por uno,   yo me destierro por cuatro.—

Ya se parte el buen Cid,   sin al rey besar la mano,
con trescientos caballeros,   todos eran hijosdalgo,
todos son hombres mancebos,   ninguno no había cano;
todos llevan lanza en puño   y el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas,   con borlas de colorado;
mas no le faltó al buen Cid   adonde asentar su campo.


miércoles, 12 de octubre de 2016

El milagro del romero de Santiago

De los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo destacamos aquí esta historia del peregrino a Compostela engañado por el diablo. Esta versión es modernización de la original, que podéis leer en este enlace.



Un fraile de su casa Giraldo era llamado,
antes que fuese monje no era muy enseñado,
de vez en vez hacía locuras y pecado
como hombre soltero que vive sin cuidado.

Vínole al corazón, tal como estaba, un día,
al apóstol de España irse de romería;
dispuso sus asuntos, buscó su compañía,
y ajustaron el término que tomarían su vía.

Cuando iban a salir, hizo una enemiga:
no guardó penitencia, como la ley obliga,
en vez de hacer vigilia se acostó con su amiga
y metiose en camino con esta mala ortiga.

El enemigo antiguo siempre fue gran traidor,
y es de toda enemiga maestro sabedor;
a las veces semeja un ángel del Criador
y es en vez diablo fino de mal sonsacador.

El falso transformose en ángel verdadero,
parósele delante en medio de un sendero:
«Seas el bienvenido -le dijo a este romero-;
me pareces de veras simple como un cordero.

Saliste de tu casa por venir a la mía,
cuando salir quisiste hiciste una folía:
piensas sin penitencia cumplir tal romería;
no te agradecerá esto Santa María.»

¿Y quién sois vos, señor?» preguntole el romero
Respondiole: «Santiago, hijo de Zebedeo.
Sábelo bien, amigo, andas en devaneo;
parece que no tienes de salvarte deseo.»

Dijo entonces Giraldo: «Señor, ¿qué me mandáis?
Yo quiero cumplir todo aquello que digáis,
porque veo que hice grandes iniquidades,
que no tomé el castigo que dicen los abades.»

Dijo el falso Santiago: «Este es el juicio:
que te cortes los miembros que hacen el fornicio;
así que te degüelles harás a Dios servicio,
que de tu carne misma le harás tú sacrificio.»

Creyolo el infeliz, loco desconsejado:
sacó su cuchillejo que tenía amolado,
cortó sus genitales el malaventurado,
así se degolló, murió descomulgado.

El que le dio el consejo con sus atenedores,
los grandes y los chicos, menudos y mayores,
a su alma trabaron esos falsos traidores,
y llevábanla al fuego, a los malos sudores.

Y mientras la llevaban, no de buena manera,
Santiago los vio, suyo el romero era,
salioles a gran prisa por aquella carrera,
se les paró delante por la faz delantera.

«Dejad -dijo-, malillos, la presa que lleváis,
porque no os pertenece tanto como pensáis;
tratadla con cuidado y fuerza no le hagáis,
que no podréis con ella, aunque bien lo queráis.»

Os emplazo ante el juicio de la Virgo María,
ante ella me clamo en esta pleitesía.
Yo de otra manera no os abandonaría,
pues veo que traéis muy gran alevosía.»

Dijo Ella: «Yo esto mando y doylo por sentencia:
el alma por la cual sostenéis la pendencia
ha de volver al cuerpo y hacer su penitencia;
luego como merezca recibirá la audiencia.»

Levantose el cuerpo que yacía trastornado,
limpiábase la cara Giraldo el degollado:
estúvose un momento medio desconcertado,
como el hombre que duerme y despierta enojado.

De todo lo otro estaba bien sano y mejorado,
fuera de un hilito que tenía atravesado;
mas lo de la natura, cuanto que fue cortado,
no le volvió a crecer, y quedó en ese estado.

Rindió gracias a Dios y a su madre María,
y al apóstol tan santo do va la romería;
se apresuró a marchar, se unió a su compañía,
tenían con el milagro su solaz cada día.

Don Hugo, hombre bueno, que era de Cluny abad,
varón muy religioso y de gran santidad,
contaba este milagro que aconteció en verdad;
poniéndolo en escrito hizo gran honestad.

Giraldo finó en la orden, vida muy buena haciendo,
con dichos y con hechos a su Criador sirviendo,
en bien perseverando, del mal arrepintiendo;
el enemigo malo de él no se fue riendo.



lunes, 3 de octubre de 2016

Un romance de tema histórico y carácter noticiero

Entre los romances de tema histórico destacan aquellos que poetizaban las noticias de los sucesos de la guerra en la frontera entre el reino cristiano de Castilla y el musulmán de Granada. De ahí que reciban también el nombre de romances fronterizos (pinchando aquí encontrarás buenas muestras).

Copio a continuación uno que recrea cómo llega la noticia al rey de Granada de la pérdida de Antequera, allá por el año de 1410.

De Antequera partió el moro   tres horas antes del día,
con cartas en la su mano   en que socorro pedía.
Escritas iban con sangre,   mas no por falta de tinta.
El moro que las llevaba   ciento y veinte años había,
la barba tenía blanca,   la calva le relucía;
toca llevaba tocada,   muy grande precio valía.
La mora que la labrara   por su amiga la tenía;
alhaleme en su cabeza   con borlas de seda fina;
caballero en una yegua,   que caballo no quería.
Solo con un pajecico   que le tenga compañía,
no por falta de escuderos,   que en su casa hartos había.
Siete celadas le ponen   de mucha caballería,
mas la yegua era ligera,   de entre todos se salía;
por los campos de Archidona   a grandes voces decía:
—¡Oh buen rey, si tú supieses   mi triste mensajería,
mesarías tus cabellos   y la tu barba vellida!
El rey, que venir lo vido,   a recebirlo salía
con trescientos de caballo,   la flor de la morería.
—Bien seas venido, el moro,   buena sea tu venida.
—Alá te mantenga, el rey,   con toda tu compañía.
—Dime, ¿qué nuevas me traes   de Antequera, esa mi villa?
—Yo te las diré, buen rey,   si tú me otorgas la vida.
—La vida te es otorgada,   si traición en ti no había.
—¡Nunca Alá lo permitiese   hacer tan gran villanía!,
mas sepa tu real alteza   lo que ya saber debría,
que esa villa de Antequera   en grande aprieto se vía,
que el infante don Fernando   cercada te la tenía.
Fuertemente la combate   sin cesar noche ni día;
manjar que tus moros comen,   cueros de vaca cocida.
Buen rey, si no la socorres,   muy presto se perdería.
El rey, cuando aquesto oyera,   de pesar se amortecía;
haciendo gran sentimiento,   muchas lágrimas vertía;
rasgaba sus vestiduras,   con gran dolor que tenía,
ninguno le consolaba,   porque no lo permitía;
mas después, en sí tornando,   a grandes voces decía:
—Tóquense mi añafiles,   trompetas de plata fina;
júntense mis caballeros   cuantos en mi reino había,
vayan con mis dos hermanos   a Archidona, esa mi villa,
en socorro de Antequera,   llave de mi señoría.
Y ansí, con este mandado   se juntó gran morería;
ochenta mil peones fueron   el socorro que venía,
con cinco mil de caballo,   los mejores que tenía.
Ansí en la Boca del Asna   este real sentado había
a la vista del infante,   el cual ya se apercebía,
confiando en la gran victoria   que de ellos Dios le daría,
sus gentes bien ordenadas;   de San Juan era aquel día
cuando se dio la batalla   de los nuestros tan herida,
que por ciento y veinte muertos   quince mil moros había.
Después de aquesta batalla   fue la villa combatida
con lombardas y pertrechos   y con una gran bastida
con que le ganan las torres   de donde era defendida.
Después dieron el castillo   los moros a pleitesía,
que libres con sus haciendas   el infante los pornía
en la villa de Archidona,   lo cual todo se cumplía;
y ansí se ganó Antequera   a loor de Santa María.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Una elegía medieval: el planto por Trotaconventos

Por aquello de repasar los subgéneros líricos, copio a continuación un fragmento en versión modernizada de las más famosas elegías de nuestra Edad Media: el planto (o llanto) que Juan Ruiz dedica a la alcahueta Trotaconventos por boca de don Melón en el Libro del buen amor.

¡Ay muerte! ¡Muerta seas, bien muerta y malandante!
¡Matásteme a mi vieja! ¡Matárasme a mí antes!
Enemiga del mundo, no tienes semejante:
de tu memoria amarga nadie hay que no se espante.

Al que hieres tú, Muerte, nadie lo salvará,
humilde, bueno, malo, noble, no escapará;
a todos te los llevas, diferencia no habrá,
tanto el Rey como el Papa ni chica nuez valdrá;

no respetas parientes, señorío, amistad;
con todo el mundo tienes continua enemistad,
no existe en ti el amor, clemencia, ni piedad,
sino dolor, tristeza, mucha pena y crueldad.

Jamás nadie de ti se ha podido esconder
y ninguno ha podido contigo contender,
la tu venida triste no se puede entender;
cuando llegas, no quieres a ninguno atender.

Dejas el cuerpo yerto a gusanos en huesa,
el alma la separas del cuerpo con gran priesa,
no está el hombre seguro de tu carrera aviesa,
de hablar sobre ti, muerte, espanto me atraviesa;

eres de tal manera del mundo aborrecida
que, por bien que lo quieran al hombre, aquí, en la
al punto que tú llegas con tu mala venida,
todos huyen de él luego, como de res podrida;

aquellos que gustaban en vida su compaña
aborrécenlo muerto, como a una cosa extraña,
sus parientes y amigos, todos le tienen saña,
todos huyen de él, como si fuese araña;

cuando tú vienes, muerte, son luego aborrecidos
por padre y por madres sus hijos muy queridos;
por amigas, amigos deseados, servidos;
por mujeres leales, los sus buenos maridos.

Haces al que es muy rico yacer en gran pobreza:
no tiene ni una blanca de toda su riqueza,
el que en la vida es bueno y de mucha nobleza
es hediondo en la muerte y lleno de vileza.

Si pincháis en este enlace, encontraréis un vídeo relacionado.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La monstruosa serrana de Tablada

Copio a continuación el fragmento  modernizado del Libro de buen amor que leímos esta mañana en clase. Encontaréis pautas para comentarlo en la etiqueta Comentario de texto que hay a la izquierda.

Hace siempre mal tiempo en la sierra y en la altura,
o nieva o está helando, no hay jamás calentura;
en lo alto del puerto sopla ventisca dura,
viento con gran helada, rocío y gran friura.

Desde que yo nací no pasé tal peligro:
llegando al pie del puerto me encontré con un vestiglo
el más grande fantasma que se ha visto en el siglo,
yegüeriza membruda, talle de mal ceñiglo.

Con la cuita del frío y de la gran helada,
le rogué que aquel día me otorgase posada.
Díjome que lo haría si le fuese pagada;
di las gracias a Dios, nos fuimos a Tablada.

Sus miembros y su talle no son para callar,
me podéis creer, era gran yegua caballar;
quien con ella luchase mal se habría de hallar,
si ella no quiere, nunca la podrán derribar.

Tenía la cabeza mucho grande y sin guisa,
cabellos cortos, negros, como corneja lisa,
ojos hundidos, rojos; ve poco y mal divisa;
mayor es que de osa su huella, cuando pisa.

Las orejas, mayores que las del añal borrico,
el su pescuezo, negro, ancho, velludo, chico,
las narices muy gordas, largas, de zarapico,
¡sorbería bien pronto un caudal de hombre rico!

Su boca es de alano, grandes labios muy gordos,
dientes anchos y largos, caballunos, moxmordos;
sus cejas eran anchas y más negras que tordos.
¡Los que quieran casarse, procuren no estar sordos!

Mayores que las mías tiene sus negras barbas;
yo no vi más en ella, pero si más escarbas,
hallarás, según creo, lugar de bromas largas,
aunque más te valdrá trillar en las tus parvas.

Mas en verdad yo pude ver hasta la rodilla,
los huesos mucho grandes, zanca no chiquitilla;
de cabrillas del fuego una gran manadilla,
sus tobillos, mayores que los de una añal novilla.

Más anchas que mi mano tiene la su muñeca,
velluda, pelos grandes y que nunca está seca;
voz profunda y gangosa que al hombre da jaqueca,
tardía, enronquecida, muy destemplada y hueca.

Es su dedo meñique mayor que mi pulgar,
son los dedos mayores que puedes encontrar,
que, si algún día ella te quiere espulgar,
dañarán tu cabeça cual vigas de lagar.





martes, 13 de diciembre de 2011

Símbolos en la lírica popular


A modo de resumen de lo visto el lunes en clase, valga esta entrada, cuyo texto se toma de la Antología poética del Siglo de Oro preparada por un servidor y editada por Castalia.

La poesía de tipo tradicional (y en buena medida también la culta) tiende a representar con símbolos la realidad del amor humano, su tema predilecto. Una de los mayores especialistas en la lírica tradicional castellana, Margit Frenk Alatorre, escribía sobre su simbología lo siguiente: "...las imágenes tomadas de la naturaleza suelen ser mucho más que un mero elemento decorativo: suelen estar cargadas de un valor simbólico, quizás inconsciente, que hunde sus raíces en un fondo común de la humanidad. Esos símbolos 'arquetípicos' surgen una y otra vez, como por sí solos”. Así, los amantes en toda la tradición lírica (no solo del mundo occidental) coincidirán casi siempre en un jardín, una fuente, un vergel, o como en el caso siguiente, en un huerto.

Gentil caballero,
dédesme hora un beso,
siquiera por el daño
que me habéis fecho.

Venía el caballero, 5
venía de Sevilla,
en huerta de monjas
limones cogía, y la prioresa
prendas le pedía:
siquiera por el daño 10
que me habéis fecho.


Continuaba la crítica mexicana: “Igualmente arraigada en el ‘subconsciente colectivo’ está la identificación del amor con el mundo vegetal. La primavera hace florecer los amores a la par de las plantas. [...]. La rosa es la doncellez (o la doncella misma); el hombre la “corta” (desflora la planta), o la muchacha se la ofrece. [...] Los frutos desempeñan el mismo papel. [...] Pero toda entrega amorosa encierra un peligro: hay que pagar por ella. Y esta idea se expresa con un símbolo varias veces repetido: el de la prenda que debe darse a cambio de las flores o frutas hurtadas”.

La voz poética mayoritaria en la lírica popular es la de una joven que o bien reclama la presencia de su amado o bien lamenta la pérdida de su doncellez, como queda claro en la composición anterior. En cuanto a la métrica y las figuras, el jueves hablaremos de ellas.Si os ha sabido a poco y queréis leer más, pinchad en el siguiente enlace

DLC

P.S.: Tenéis un guion pra el comentario de texto en la etiqueta homónima de este blog.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Leriano contra la misoginia

Pues resulta que hoy se celebra en todo el mundo el Día internacional contra la violencia de género, lo que en castellano pulido deberíamos llamar violencia machista o llanamente maltrato. Como habréis podido comprobar estos días en clase, abundan muestras en la literatura medieval castellana de esa tradición misógina en la que se inspiran estas conductas, por desgracia tan actuales. Sirven como ejemplos de aquel machismo rampante el Sendebar o Libro de los engaños de las mujeres y el ejemplo XXXV de El conde Lucanor, aquel en que se enseña a someter a la esposa rebelde.

Para contrarrestar los mensajes de esos textos os he pedido que escribáis un relato en pro de la igualdad para el que seguro no os faltan ideas. Por si acaso, va el inicio de defensa de la mujer que hace Laureano poco antes de morir en la Cárcel de amor de Diego de San Pedro, cuya lectura os recomiendo, ya que por viejo que resulte un libro (este es de 1492), siempre puede ofrecernos algún provecho.

Da Leriano veinte razones por que los hombres son obligados a las mujeres

Tefeo: pues has oído las causas por que sois culpados tú y todos los que opinión tan errada seguís, dejada toda prolijidad, oye veinte razones por donde me proferí a probar que los hombres a las mujeres somos obligados. De las cuales la primera es porque a los simples y rudos disponen para alcanzar la virtud de la prudencia, y no solamente a los torpes hacen discretos, mas a los mismos discretos más sutiles, porque si de la enamorada pasión se cautivan, tanto estudian su libertad, que avivando con el dolor el saber, dicen razones tan dulces y tan concertadas que alguna vez de compasión que les han se libran de ella. Y los simples, de su natural inocentes, cuando en amar se ponen entran con rudeza y hallan el estudio del sentimiento tan agudo que diversas veces salen sabios, de manera que suplen las mujeres lo que naturaleza en ellos faltó.

La segunda razón es porque de la virtud de la justicia tan bien nos hacen suficientes que los penados de amor, aunque desigual tormento reciben, hanlo por descanso, justificándose porque justamente padecen. Y no por sola esta causa nos hacen gozar de esta virtud, mas por otra tan natural: los firmes enamorados, para abonarse con las que sirven, buscan todas las formas que pueden, de cuyo deseo viven justificadamente sin exceder en cosa de toda igualdad por no infamarse de malas costumbres.

La tercera, porque de la templanza nos hacen dignos, que por no serles aborrecibles, para venir a ser desamados, somos templados en el comer, en el beber y en todas las otras cosas que andan con esta virtud. Somos templados en el habla, somos templados en la mesura, somos templados en las obras, sin que un punto salgamos de la honestidad.

La cuarta es porque al que fallece fortaleza se la dan, y al que la tiene se la acrecientan: hácennos fuertes para sufrir, causan osadía para cometer, ponen corazón para esperar. Cuando a los amantes se les ofrece peligro se les apareja la gloria, tienen las afrentas por vicio, estiman más la alabanza de la amiga que el precio del largo vivir. Por ellas se comienzan y acaban hechos muy hazañosos, ponen la fortaleza en el estado que merece. Si les somos obligados, aquí se puede juzgar.

[...]

Siguen otros quince argumentos que podéis encontrar en el enlace www.cervantesvirtual.com (lo tenéis a la derecha), buscando por el nombre del autor.