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martes, 7 de junio de 2016

Comentario de Keats ("Oda a un ruiseñor")

Va el comentario que os debía. El texto lo tenéis aquí. Suerte y mucha calma mañana.



1.-  Exponga el contenido del fragmento y relaciónelo con la totalidad de la obra.
En esta “Oda a un ruiseñor”, la voz poética, identificada con la del autor John Keats, se dirige a un ruiseñor, en cuyo canto percibe la naturaleza eterna y transcendental de la belleza frente a la fugacidad del mundo físico. El canto de esta ave se ensalza desde el principio cuando manifiesta que tanta felicidad sonora le causa dolor, no por envidia, sino por sobreabundancia de gozo. La voz poética quisiera alejarse del mundo y perderse con el ruiseñor por el bosque en penumbra. Al yo lírico  no le importaría incluso morir escuchando ese canto melodioso. La caducidad humana contrasta con la inmortalidad del ruiseñor, cuyo canto es escuchado desde los tiempos antiguos e incluso en tierras de leyenda ya olvidadas.  Aparece también el tema de la evasión romántica, ya que la voz poética quiere alejarse del mundo, quiere huir de la fiebre, del hastío, de la angustia, de los gemidos de los hombres, de la juventud marchita, donde pensar significa tristeza y la belleza pierde su esplendor.
En la primera estrofa, la voz poética, se duele y siente aturdida, como bajo los efectos de un narcótico (beleño y opio turbio), al escuchar el canto de un ruiseñor; lejos de envidiarle su suerte, se siente solidario con ella, por disfrutar la felicidad de su canto en un bosque idílico, locus amoenus romántico.  Anhela en la segunda estrofa no disponer de algún vino o néctar mitológico (“el sur caliente, el ruboroso Hipocrene”) que le ayudara a trasladarse rápidamente junto al ruiseñor y disiparse en el bosque junto a él. En la tercera estrofa, aparecen las razones  de ese deseo de evasión, los aspectos negativos del mundo real, especialmente la caducidad de la vida, que le impide mantenerse inmortal como el ruiseñor. Surge en la cuarta estrofa rotundo y claro el deseo de huida (“Lejos, lejos”), para el que se valdrá no del vino (“Baco y sus leopardos”), sino de su propio canto “poéticas alas”; ya reunido con el ruiseñor en lo alto, describirá el dulce ambiente nocturno (“tierna es la noche”), escoltados por el claro de luna (“Reina de la noche”), la brisa y las estrellas (“estelares hadas”).  Sigue en la quinta estrofa con la naturaleza que intuye a sus pies, imaginada en plenitud mediante una enumeración que utiliza varios sentidos: olfato (“aroma”), vista (“blanco espino”) y oído (“zumbar de moscas”). En la sexta estrofa, en tono reflexivo, aparece la muerte como una vieja conocida a la que ha dedicado algún poema y que le resulta más que tentadora en esa medianoche auspiciada por el canto imperecedero del pájaro plenitud. La séptima estrofa se dedica a resaltar carácter inmortal de la belleza de su canto (“¡No has nacido para la muerte…”), que ha atravesado la historia, desde los tiempos más lejanos (“en tierras de leyenda, ya olvidadas”) y todos los contextos (“el labriego y el rey”). Por último, la voz poética en la estrofa final, siente que el canto del ruiseñor se va desvaneciendo en la distancia, no sabiendo si todo ello hubiera sido ilusión o sueño.
2.- Analice los aspectos formales del texto.
La oda está compuesta de ocho estrofas compuestas cada una por diez versos de arte mayor con rima libre y tendencia al encbalgamiento métrico. Las marcas y la presencia de la 1ª persona, del yo lírico, aparecen desde el inicio (“Me duele…; mis sentidos… ”), como los símiles o comparaciones (con el beleño y el opio turbio que conducen al Leteo, o río del olvido), para expresar su estado de ánimo, que junto al canto del ruiseñor y la naturaleza, son el objeto de una descripción necesariamente sensorial. Abundan en ella recursos variados. Los aspectos negativos del mundo real se expresan mediante una enumeración (“la fatiga, la fiebre, la prisa”), igual que la naturaleza (“el seto, la espesura de frutales: el blanco espino, y la englantina pastoral”); el envejecimiento y la poesía mediante metáforas (“la vejez quita pocos, tristes, pálidos pelos”; “poéticas alas”); la juventud mediante una personificación (“la juventud marchita, hecha un espectro, muere”); la paradójica cercanía entre el placer, el dolor y la muerte se expresa con recursos de oposición como antítesis (“morir parece dulce”); mientras que la sensación de levedad y vuelo con la aliteración de algunas consonantes suaves como la "l, d" en algún paralelismo (“Disolviéndose lejos, olvidando del todo”) o la –s- (“musgosos caminos serpentinos”). Mención aparte merecen la adjetivación profusa, en algunos casos antepuesta como epíteto ("el campo verde, el baile, la canción provenzal, el júbilo soleado, purpúrea boca, melodioso lugar, ligera dríade,") y las metáforas basadas en el mundo de la mitología (el vino como “ruboroso Hipocrene” o “Baco y sus leopardos”) o la Biblia (Ruth simboliza el mundo antiguo, en tanto que es personaje del Antiguo Testamento, anterior a Jesucristo).
3.- Comente la producción literaria del autor con especial atención a la obra seleccionada.
John Keats (1795-1821) fue un poeta inglés que se inscribe en el movimiento del Romanticismo. Aunque empezó a estudiar medicina, dedicó su corta vida (murió de tuberculosis a los 26 años) a la poesía, por la que hoy goza de reconocimiento universal. Tras algunas publicaciones sueltas en revistas literarias, su primer libro, Poemas de John Keats (1817) recoge fundamentalmente sonetos relacionados con el mundo clásico. En su segundo libro, Endimión (1818) adaptó este mito para expresar la búsqueda en el mundo real de un amor ideal visto en los sueños. El primer verso de este poema mitológico se ha hecho tan famoso que parece ya inseparable del nombre del autor: “A thing of beauty is a joy por ever” (“Una obra de arte es un placer eterno”). Su mejor libro Lamia, Isabella, la víspera de santa Inés y otros poemas publicado en 1820. En el libro también aparece el poema inacabado “Hiperión” y tres odas consideradas entre las mejores de la lengua inglesa: “Oda a una urna griega”, “Oda a la melancolía” y aquí comentada “Oda a un ruiseñor”, en las que se compara la naturaleza eterna y transcendental de los ideales con la fugacidad del mundo físico. En ellas sobresale el tema de la naturaleza, que se considera un medio de expresión de los sentimientos del alma y del sentido trascendente de la vida. Así, el contraste entre la eternidad de la belleza y la fugacidad de la vida humana se convierte en el tema central de sus odas. En la “Oda a un ruiseñor” ya hemos visto cómo confronta el sufrimiento humano con la inmortalidad del canto del ruiseñor. El yo lírico se eleva entre los árboles, para reunirse con el ruiseñor que allí canta; eso le sirve para comparar la naturaleza eterna y transcendental de los ideales con la fugacidad del mundo físico: el poeta, que se siente morir, ansía esa eternidad. Por su parte, la “Oda a una urna griega”, trata sobre el poder inmortalizador de la belleza, manifestado en las producciones artísticas que elaboraron los antiguos griegos. Presenta el contraste entre las cenizas de los muertos que contienen las urnas y la estética inmortal de esas urnas.  Después de su muerte en Roma, donde está enterrado (“Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en el agua”) se publicaron algunos de sus mejores poemas y  sus cartas, en las que se refleja su profundo espíritu crítico y que son de un gran interés para conocer el pensamiento poético de su época y el suyo propio.
John Keats desarrolló un estilo de cadencia muy similar a la narrativa (ya anticipada por Wordsworth), con versos largos y frecuentemente encabalgados. En  su poesía, abundan imágenes sugerentes y descripciones sensuales  que le sirven para expresar la aspiración continua al logro de la belleza. El arte, la creación poética, es para el poeta una suerte de religión que conduce hacia la belleza y para alcanzarla, había  que desarrollar “conciencia negativa”, que consistía en olvidarse de sí mismo  y sumergirse en las situaciones, bien sea le canto de un ruiseñor, bien la contemplación de una antigüedad como la urna griega.  También el mundo griego fue motivo central en su poesía, como se puede apreciar en  “Endimión” e “Hiperión”. En sus odas está igualmente presente (véanse las referencias antes citadas), aunque en estas sobresale el tema de la naturaleza, que se considera un medio de expresión de los sentimientos del alma y del sentido trascendente de la vida.
En la arriba comentada y en la “Oda sobre una urna griega”, el contraste entre la eternidad de la belleza y la fugacidad de la vida humana se convierte en el tema central, con la naturaleza siempre de fondo (en la “Oda a una urna griega”  se habla de hojas floreadas, de los valles de la Arcadia, y de varones y doncellas labrados junto a hierbas y ramas; mientras que en la “Oda a un ruiseñor”  la importancia de la naturaleza se manifiesta en los frondosos abedules donde se esconde el ruiseñor, en su deseo de beber el vino que conserva el sabor de praderas, o en el arroyo tranquilo donde se va diluyendo el canto del ruiseñor). Recuérdese que en el otro poema romántico leído (“Kubla Khan”  de Coleridge), también la naturaleza disfrutaba de protagonismo y también se evocaba o reconstruía una situación entre vigilia y sueño, antes de que esta se desvaneciaera.  
4.- Sitúe al autor en su contexto literario e histórico
Keats es uno de los principales representantes del Romanticismo inglés. Este movimiento, gestado en Alemania en el siglo XVIII por los poetas del Sturm und Drang en pos de la libertad política y artística, se manifestará en toda Europa durante el primer tercio del siglo XIX, asociado a la Revolución Francesa (1789) y a las ideas que lo inspiraron de libertad, igualdad y fraternidad. Caracterizado por su rechazo a toda norma sobre la creación artística y por su rebeldía, su individualismo y subjetivismo se manifestarán también en la deliberada evasión a otros tiempos y espacios (buen ejemplo de ello es el auge de la novela histórica) y en la comunión con la naturaleza, que, como se ha visto, reflejará los sentimientos del poeta.
Si en Alemania los pioneros fueron Goethe con su Werther en la novela, Schiller con su Don Carlos en el teatro y Novalis con los Himnos a la Noche en poesía, los precursores del Romanticismo en Inglaterra fueron los poetas de los lagos o laguistas, nacidos en torno a 1770 y llamados así porque vivieron en esa zona del norte de Inglaterra, en la que buscaron la meditación y la expresión de la propia subjetividad a partir de aquellos paisajes. Coautores de Baladas líricas (1798), cuyo prólogo se considera el manifiesto del Romanticismo poético inglés, Wordsworth (autor de “El preludio”) y Coleridge (autor de “Kubla Khan”  y de la “Balada del viejo marinero”) abrieron el camino a los poetas de la siguiente generación, más rebelde en sus actitudes vitales. Por ello, estos últimos se le conoce como los poetas rebeldes o satánicos, grupo al que por razones generacionales se suele adscribir a Keats, si bien llevó una vida menos dinámica que sus coetáneos y no faltan críticos (por ejemplo, José María Valverde, traductor de esta versión) que le consideran un poeta-poeta, sin más calificativos. Sus representantes más carismáticos fueron el aristócrata Lord Byron, estampa indiscutible del movimiento y creador de personajes marginados como “El corsario” o “Caín”, y su inseparable amigo Percy B. Shelley, que compuso entre otras “Adonais”, elegía por la muerte de Keats, en la que hay una aceptación serena de la muerte. Estos últimos, con sus vidas al límite y su prematura muerte, se convirtieron en el espejo de los poetas románticos de otros países como José de Espronceda en España, que los imitaron en obras (“Canción del pirata”; “El diablo mundo” deben mucho a "El corsario" y Childe Harold de Byron) y vidas arrebatadas, muy comprometidas con el liberalismo político, como sus antecesores con la Revolución Francesa. En Francia, el Romanticismo tuvo un signo más aristocrático y conservador, hasta el estreno de Hernani, drama de ambiente español de Víctor Hugo, autor también de la novela histórica Nuestra Señora de París. En Italia, los dos autores que encarnaron el espíritu del movimiento fueron Manzoni en la novela histórica (Los novios) y Giacomo Leopardi con sus Cantos, plenos de lirismo y melancolía.

lunes, 6 de junio de 2016

Vanka (comentario)

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1.-  Exponga el contenido del fragmento y relaciónelo con la totalidad de la obra.
El protagonista de este cuento es Vanka Chukov, un niño de nueve años, huérfano de madre y padre, que vive en Moscú en casa del zapatero Alojin para aprender el oficio. Solo y sin cariño por parte de unos tutores que lo explotan y maltratan, Vanka escribe una carta a su abuelo Constantino Makarich en la noche de Navidad, mientras todos han ido a misa, para pedirle que venga a por él y se lo lleve de vuelta a la aldea en donde, un día, vivió con él y con sus padres.
Portada de una edición rusa de "Vanka"
El retrato crítico que se hace de esa sociedad nos hace retroceder a la época del feudalismo estancado en Rusia, con amos y siervos. En la aldea, Vanka, sus padres y su abuelo servían en casa de los señores; en Moscú, nuestro protagonista trabaja como un esclavo en casa de sus amos. Desde la ciudad, el niño idealiza la vida que llevaba en la aldea y la recuerda con nostalgia como una época en que sentía el cariño y la protección de la familia. Allí hay dos figuras, Constantino Makarich y Olga Ignatievna, que representan ese tiempo feliz. Es curioso que Vanka no haga ninguna referencia a sus padres en su evocación del pasado, salvo para decir que están muertos. En su lugar, él ejerce en su recuerdo el papel de la figura paterna y ella, el de la materna. Olga, además, tiene otro significado como hija de los señores a los que sirve la familia de Vanka. Ella es la única que ha mostrado algún cariño por el niño, que le ha enseñado a contar, leer y escribir – lo que justifica que ahora esté redactando la carta que constituye el grueso de la narración –, que se ha mostrado “caritativa”, en definitiva. La denuncia de Chejov está en la esterilidad y en lo interesado de ese acto de conmiseración, pues la señorita solo se ocupa de Vanka mientras su madre, la criada, está viva. Cuando muere, el niño no tiene ninguna función en la casa y por tanto ejercer la caridad con él es un acto inútil. Entonces comienza la degradación. Pasa a ser un siervo en la cocina y, de ahí, seguramente por no saber hacer nada, lo expulsan de la casa y lo mandan a Moscú como aprendiz de zapatero; en realidad, esclavo de la familia de Alojin. Y llegamos al final, que aparece falsamente abierto. El niño se duerme con la esperanza de que la carta llegue a su destino, e incluso sueña con ello y con que el abuelo se la lea a las cocineras de la casa en donde sirve. Podríamos pensar que existe una posibilidad de que eso ocurra, pero no. En la última línea aparece el perro Serpiente en el sueño de Vanka, meneando el rabo de derecha a izquierda, para decirle que no. 
2.- Analice los aspectos formales del texto.
En cuanto al comentario formal, el texto pertenece a la variedad discursiva de la narración. Los hechos se relatan desde el punto de vista de un narrador omnisciente en 3ª persona, pero por detrás de él aparecen otras dos modalidades narrativas: el narrador protagonista -el niño Vanka- y el narrador en estilo indirecto libre. El primero aparece siempre entrecomillado pues es el que, en 1ª persona, escribe la carta a Contantino Makarich. De esta manera, consigue hacer más creíble la desesperación de Vanka y llegar de forma más eficaz al lector. Pero la característica formal más importante del cuento, es el abundante uso del estilo indirecto libre. Toda la evocación idealizada que el niño hace de su aldea, mientras toma un descanso en la redacción de la carta, ("En aquel momento, el abuelo de Vanka estaría, de fijo, a la puerta. (...) La Vía Láctea se distinguiría muy bien") está escrita siguiendo esta técnica narrativa. La oración exclamativa "¡Dios mío, qué encanto!", es otro ejemplo de la utilización de este estilo.
           En la carta destaca, sobre todo, el realismo en la imitación del estilo infantil del protagonista. La inocencia de quien se presenta con un “soy yo” –; la información innecesaria (“no tengo papá ni mamá”, ¿cómo no lo va a saber el abuelo?); la utilización del diminutivo (“abuelito”); las reiteradas repeticiones (“abuelito ven”, “ven, abuelito, ven”); la sintaxis sencilla, con oraciones cortas y simples, con más yuxtaposición que subordinación (“Ten piedad del pobrecito huérfano. Todo el mundo me pega, se burla de mí, me insulta. Y, además, siempre tengo hambre.”); todo en este texto refleja el estado de habla y la forma de pensar de un niño de nueve años. Por otra parte, la carta es un texto argumentativo, dado que está dirigido al abuelo, a quien que se pretende convencer de que venga. De ahí, la insistencia que el niño se dirige a él y la repetición machacona de la tesis (“abuelito, ven”). 
          Sobre las formas verbales, lo más significativo, es la utilización del condicional en el fragmento en estilo indirecto libre antes comentado ("el abuelo estaría", "embromaría a los cocineros", "les daría vaya a las mujeres", "les preguntaría", "las mujeres estornudarían"...). Este tiempo verbal nos revela que no estamos ante el relato de hechos reales, sino que se trata de las ilusiones, de los deseos y sueños de Vanka, que se imagina la aldea como el paraíso perdido del que nunca debería de haber salido. La frase con que el narrador regresa a la realidad es totalmente reveladora: "Vanka, imaginándose todo esto, suspiraba". Del resto de las formas verbales, destacamos la diferencia entre el pretérito imperfecto de indicativo, usado para las descripciones ("Era un viejecillo", "tenía sesenta y cinco años", "Durante el día dormía o bromeaba con los cocineros y por la noche se paseaba"...), en que la acción está detenida; y el pretérito perfecto simple de indicativo, que hace avanzar la acción ("Ayer me pegaron. El maestro me cogió por los pelos y me dio unos cuantos correazos", "la maestra cogió la sardina y me dio en la cara con ella"). En el cuento es muy importante, también, el uso del presente de indicativo, que es el tiempo en el que el niño escribe a su abuelo, tanto para contarle su situación, como para relatarle hechos cotidianos que se repiten y que no son puntuales (pues, para estos, utiliza el perfecto simple, como acabamos de ver): "Los otros aprendices, como son mayores que yo, me mortifican, me mandan por vodka a la taberna y me hacen robarle pepinos a la maestra, que, cuando se entera, me sacude el polvo." Por último, utiliza el futuro imperfecto de indicativo para el fragmento de su carta en que acumula los argumentos para convencer a su abuelo de que venga a rescatarle ("Si no me sacas de aquí, moriré", "Te seré todo lo útil que pueda", "Rogaré por ti", "Buscaré trabajo, guardaré el rebaño"...).
      Dentro de la narración encontramos varios pasajes descriptivos. En ellos hay que diferenciar el punto de vista que adopta el narrador. El primero de ellos es aquel en el que se describe la figura de Constantino Makarich y sus perros. Aparentemente es una descripción objetiva, pero el uso del diminutivo ("Era un viejecillo") y la alusión a la "perfidia jesuítica" del perro Serpiente, dejan entrever el pensamiento del autor. En el otro, se describe la aldea nevada, pero, ahora, desde el punto de vista de Vanka. Por eso, aquí la acumulación de adjetivos, algunos antepuestos, ("atmósfera límpida y fresca", "sus tejados blancos", "alegres guiños"), metáforas ("los árboles plateados"), símiles y personificaciones ("parecían hacerle alegres guiños", "La Vía Láctea se distinguiría muy bien como si...") le dan un carácter lírico y subjetivo, el propio de la idealización de la aldea por parte del niño.
3.- Comente la producción literaria del autor con especial atención a la obra seleccionada.
Anton Chejov (1860-1904), repartió su vida entre la medicina y la literatura. Como escritor, cultivó tanto el teatro (entre sus obras destacan El jardín de los cerezos y Tío Vania) como la narrativa breve. En este género, su primer gran éxito fue el cuento que nos ocupa, publicado en 1884.  Su personaje central, Vanka Chukov, recuerda en él la figura de los niños huérfanos desamparados que pueblan la obra de  Charles Dickens (Oliver Twist, David Copperfield), así como la de los pícaros del Siglo de Oro español por su recorrido vital al servicio de varios amos, como, sobre todo, por el hecho de que cuente su vida a través de una carta. De ahí, que Chejov se vea en la necesidad de justificar que alguien tan humilde como Vanka esté redactando esta carta, y por eso uno de los recuerdos que el niño selecciona es el de Olga Ignatievna enseñándole a leer y escribir.
        El tema principal del cuento es la falta de caridad de una sociedad hipócrita y cruel que mantiene las apariencias cristianas, cumpliendo con el precepto de ir a misa en Navidad, mientras deja abandonado a Vanka, encerrado en la casa. Por eso contrasta tanto la sinceridad inocente con que el niño siente la religión, que se aprecia en la mirada que dirige al icono en busca de protección cuando se dispone a escribir, y en las reiteradas peticiones a Dios (“pido a Dios”, “te prometo pedirle siempre a Dios”, “le rogaré a Dios”, “en nombre de Nuestro Señor”) con la hipocresía de una sociedad que, en vez de la caridad, lo que practica con Vanka es la violencia constante. Así se explica su “temor de ser sorprendido”, cuando va a comenzar la carta; las agresiones que sufre por parte de sus maestros y de los otros oficiales (“todo el mundo me pega”); y que, incluso, llegue a considerar natural el sufrir esas palizas y que no le importe que su abuelo también le golpee (“si no estás contento conmigo puedes pegarme todo lo que quieras”).
        También son importantes en este cuento las figuras de los dos perros Canelo y Serpiente. Sobre todo este último, pues es claramente simbólico. Con su cuerpo alargado, su astucia, sus malas intenciones siempre ocultas bajo una falsa dulzura, con su hipocresía, representa a los jesuitas (“se adivinaba, bajo aquella máscara de cariño, una perfidia jesuítica”). Bajo los mordiscos del Serpiente en las pantorrillas de la gente, la rapiña en los corrales de los campesinos y su capacidad para sobrevivir a cualquier intento de destruirlo está la orden de la Compañía de Jesús y, tras ella, todo un clero que adula a los señores mientras que exprime y deja morir en la miseria a los siervos, los más necesitados. Estos perros, además, sirven de contraste para poner más en evidencia la deshumanización que subyace en el cuento, también en la figura del abuelo – nadie se salva –, puesto que su vida es más fácil y más regalada que la del propio Vanka, quien no se engaña al respecto (“esto no es vivir; los perros viven mejor que yo”).
       Otros relatos notables de Chéjov fueron escritos en la década de los 90. En ellos aparecen hombres de voluntad vencida que toman conciencia de su fracaso y de su envejecimiento. Uno de estos personajes, es el cochero de La tristeza, solitario trabajador que no encuentra a quien contar ni a quien le importe la reciente muerte de su hijo en la misma ciudad deshumanizada que habita Vanka. El ambiente decadente de cierta burguesía también fue objeto de atención de Chejov en La dama del perrito, sobre los amores de unos veraneantes.
Chejov conversa con Tolstoi

4.- Sitúe al autor en su contexto literario e histórico. La narrativa breve de Chejov se inscribe dentro del renacimiento y auge del cuento como género literario en el siglo XIX, gracias a al difusión de la prensa, primero durante el Romanticismo con autores como el norteamericano Edgar Allan Poe, su principal teórico, y después con el dominio en la literatura europea de las corrientes realistas y naturalistas. Por su retrato crítico de la sociedad, es en estas últimas a las que hay que asociar al autor. Con ellas, comparte la visión negativa de la deshumanización de la clase trabajadora o la influencia corruptora del medio social  o del ambiente provinciano en sus protagonistas. Al Naturalismo le vincula, además de su formación de médico (recordemos la relación de los naturalistas con los avances  de su tiempo en esta disciplina), la finalidad de la escritura, ya no un divertimento sino una denuncia de las injusticias sociales y de los ambientes míseros (recuérdese también la afinidad con los personajes infantiles de Dickens). Igualmente toma de los anteriores movimientos técnicas el estilo indirecto libre, la minuciosidad descriptiva, la observación y el afán de  verosimilitud, plasmada, por ejemplo, en el uso del habla popular tan patente en la carta de Vanka. Esta caracterización del personaje a través de su manera de hablar es una característica del Realismo y Naturalismo en los que se inscribe Chejov.
Como autor ruso que era, la gran literatura realista de su país de la segunda mitad del siglo XIX dejó en él su impronta. Las miserias de los campesinos rusos ya aparecían en Almas muertas, la novela más famosa del iniciador del realismo ruso, Nikolai Gogol (1809-1852). Con Fiodor Dostoievski (1821-1881) compartió la hondura de los problemas existenciales que planteaban algunos de sus cuentos, mientras que a Tolstoi (1828-1910) se asemejó por su preocupación social y su entrega a actividades filantrópicas en los últimos años de su vida.