Mostrando entradas con la etiqueta Textos para comentarios y exámenes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Textos para comentarios y exámenes. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de abril de 2018

Los monólogos de Segismundo

De La vida es sueño, obra capital de Calderón de la Barca, destacan los monólogos de su protagonista, con gran carga filosófica. En el primero, el protagonista se pregunta  las razones de su prisión, en la que vive desde niño (está en ella por orden de su padre, para evitar que se cumplan las predicciones que le hicieron al nacer sus hijo).  Sigue este primer monólogo en la última versión de  la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con Blanca Portillo en el papel del príncipe cautivo: 



Una vez es liberado, confirma los males pronósticos en cuanto a su comportamiento, lo que motiva que vuelva a prisión y piensa que su liberación no fue sino un sueño. También entonces reflexiona en voz alta en este otro monólogo en décimas:

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,               5
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?                     10

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,           15
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.                 20

  Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida?  Un frenesí.                25
¿Qué es la vida?  Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.                     30



jueves, 19 de enero de 2017

Canciones entre el alma y el Esposo (fragmento).

Sigue un fragmento de las Canciones entre el alma y el Esposo, también conocidas como Cántico espiritual de san Juan de la Cruz, nacido Juan de Yepes (1542-1591). Lo tomo de la página del Centro Virtual Cervantes, donde podéis encontrar el poema completo y bien anotado. Espero vuestros comentarios esta semana.

           Mi Amado las montañas,
 los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos,
              la noche sosegada,
 en par de los levantes de la aurora,
 la música callada,
 la soledad sonora,
 la cena que recrea y enamora.
...
           En la interior bodega,
 de mi Amado bebí y, cuando salía
 por toda aquesta vega,
 ya cosa no sabía,
y el ganado perdí que antes seguía.

                Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dejar cosa;
allí le prometí de ser su Esposa.

En este otro enlace podréis escuchar parte de la versión musical a cargo de Amancio Prada.

jueves, 20 de febrero de 2014

Los primeros sonetos de Garcilaso

Van un par de sonetos de Garcilaso de la Vega (entre ellos, el que hoy leímos en clase), seguido de algunas propuestas para ayudaros a comentar. Podréis encontrar más información y textos en el enlace bajo la imagen de su firma autógrafa.


Escrito está en mi alma vuestro gesto1,
y cuanto yo escribir de vos deseo:
vos sola lo escribisteis; yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto2.

En esto estoy y estaré siempre puesto3;                         5
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;                               10
por hábito4 del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

1gesto: rostro o expresión.   2tan solo que aun de vos me guardo en esto: tan a solas que incluso me escondo de vos.   3puesto: concentrado.   4hábito: en el doble sentido (dilogía) de prenda y de costumbre.

¡Oh dulces prendas1 por mi mal halladas,         
dulces y alegres cuando Dios quería,
juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas2!

¿Quién me dijera, cuando las pasadas                           5
horas que en tanto bien por vos me vía3,
que me habiades4 de ser en algún día
con tan grave dolor representadas5?

Pues en una hora junto me llevastes6
todo el bien que por términos7 me distes,                      10
llevame junto8 el mal que me dejastes;

si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes, porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

1 prendas: regalos de la amada.  2 conjuradas: asociadas (su memoria y las prendas) con un mismo fin (su muerte).  3vía: veía.  4habiades: habíais; con acento en la-a-, por sinéresis.   5 representadas: recordadas, vueltas a presentar.   6llevastes: quitasteis,  igual que en  llevame (quitadme).   7 por términos: a plazos, en oposición a en una hora.   8junto: a la vez.






Como explicó Rafael Lapesa en un famoso estudio, en el devenir poético de Garcilaso se aprecian varias fases desde sus primeras composiciones hasta la últimas creaciones de madurez. Y aunque nunca prescindió completamente de la tradición cancioneril —en tanto que actitudes vitales y temas coincidían con las de los petrarquistas—, desde 1526 comenzó a probar suerte con los “sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos autores de Italia”, sin por ello dejar de escribir alguna que otra copla más a la castellana. De esta primera etapa son los estos sonetos los que parece estar acomodando su estilo aún cancioneril (y por lo tanto dado al conceptismo, a la deliberada complejidad formal), a la cadencia del endecasílabo. Este conceptismo puede apreciarse, según Lapesa, en cierta “afición por los juegos a base de palabras reiteradas”, que se suelen traducir bien en políptotos,  bien en derivaciones.

El políptoton es una figura retórica que consiste en emplear un mismo adjetivo o nombre en distintos casos, o un  mismo verbo en distintos modos, tiempos o personas. Un magnífico ejemplo se puede encontrar en el madrigal de Cetina en el que se conjuga siete veces el verbo “mirar” en apenas diez versos (página 236 del libro de texto). Tras leer atentamente los poemas,  localiza en cada uno de ellos un ejemplo de este recurso, especialmente en los verbos; busca también otros juegos de palabras (repeticiones, términos de forma similar o parónimos).

También sería característico de la poesía cancioneril peninsular —el muy influyente poeta Ausias March, que era valenciano—, “la reclusión en el propio espíritu”. Los poetas de cancionero “eluden retratar a la amada y no prodigan la contemplación de las cosas”. Así, no se encuentran fácilmente en su poesía descripciones de la dama, ni de otras realidades de la naturaleza. Tienden más bien a “la creación de paisajes imaginarios, frecuentemente alegóricos”, en los que predomina la abstracción frente a la concreción. Recuerda que lo que se intenta trasmitir no es tanto la imagen de la dama sino la impresión que deja, es decir, el mismo sentimiento del amor.

Vuelve a leer los sonetos anteriores centrando tu atención esta vez en los campos semánticos dominantes: ¿hay alguno vinculado a la naturaleza? Localiza ahora los nombres presentes en los mismos: ¿cuántos de ellos van adjetivados? Asimismo, comprueba si estos sustantivos aluden a realidades abstractas o concretas.  Por último, valora la relación entre la elección de este vocabulario con la “reclusión en el mismo espíritu” de la que hablaba Lapesa



miércoles, 21 de noviembre de 2012

La monstruosa serrana de Tablada

Copio a continuación el fragmento  modernizado del Libro de buen amor que leímos esta mañana en clase. Encontaréis pautas para comentarlo en la etiqueta Comentario de texto que hay a la izquierda.

Hace siempre mal tiempo en la sierra y en la altura,
o nieva o está helando, no hay jamás calentura;
en lo alto del puerto sopla ventisca dura,
viento con gran helada, rocío y gran friura.

Desde que yo nací no pasé tal peligro:
llegando al pie del puerto me encontré con un vestiglo
el más grande fantasma que se ha visto en el siglo,
yegüeriza membruda, talle de mal ceñiglo.

Con la cuita del frío y de la gran helada,
le rogué que aquel día me otorgase posada.
Díjome que lo haría si le fuese pagada;
di las gracias a Dios, nos fuimos a Tablada.

Sus miembros y su talle no son para callar,
me podéis creer, era gran yegua caballar;
quien con ella luchase mal se habría de hallar,
si ella no quiere, nunca la podrán derribar.

Tenía la cabeza mucho grande y sin guisa,
cabellos cortos, negros, como corneja lisa,
ojos hundidos, rojos; ve poco y mal divisa;
mayor es que de osa su huella, cuando pisa.

Las orejas, mayores que las del añal borrico,
el su pescuezo, negro, ancho, velludo, chico,
las narices muy gordas, largas, de zarapico,
¡sorbería bien pronto un caudal de hombre rico!

Su boca es de alano, grandes labios muy gordos,
dientes anchos y largos, caballunos, moxmordos;
sus cejas eran anchas y más negras que tordos.
¡Los que quieran casarse, procuren no estar sordos!

Mayores que las mías tiene sus negras barbas;
yo no vi más en ella, pero si más escarbas,
hallarás, según creo, lugar de bromas largas,
aunque más te valdrá trillar en las tus parvas.

Mas en verdad yo pude ver hasta la rodilla,
los huesos mucho grandes, zanca no chiquitilla;
de cabrillas del fuego una gran manadilla,
sus tobillos, mayores que los de una añal novilla.

Más anchas que mi mano tiene la su muñeca,
velluda, pelos grandes y que nunca está seca;
voz profunda y gangosa que al hombre da jaqueca,
tardía, enronquecida, muy destemplada y hueca.

Es su dedo meñique mayor que mi pulgar,
son los dedos mayores que puedes encontrar,
que, si algún día ella te quiere espulgar,
dañarán tu cabeça cual vigas de lagar.





lunes, 19 de noviembre de 2012

El destierro del Cid en versión de Manuel Machado





 A Manuel Machado, cuya imagen reproduce la foto superior, le debemos algunos de los poemas más logrados de principios del pasado siglo. Probablemente el más conocido (casi tanto como los de su hermano Antonio) sea este "Castilla" que recogió en el poemario Alma y dedicó al también poeta Manuel Reina. En el mismo versiona un famoso pasaje del Cantar de Mío Cid.

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos,
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

Cerrado está el mesón a piedra y lodo...
Nadie responde. Al pomo de la espada
y al cuento de las picas, el postigo
va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!

A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca,

en el umbral. Es toda
ojos azules; y en los ojos, lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.

“¡Buen Cid! Pasad... El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El Cielo os colme de venturas...

En nuestro mal ¡oh Cid! No ganáis nada.”
Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: “¡En marcha!”

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.

Añado un enlace con algún buen comentario de este texto que cuelga de la red.

miércoles, 17 de octubre de 2012

En memoria de Lodares

Juan Ramón Lodares (en la foto) fue profesor de Filología en la Universidad Autónoma de Madrid hasta su temprano y lamentable fallecimiento en accidente de tráfico. Uno asistió a sus clases (de Fonología histórica y de un curso de doctorado) que recuerda amenas y provechosas. 
Fue autor de varias monografías sobre la historia y  la situación de la lengua española (El paraíso políglota, Gente de Cervantes, Lengua y patriaEl porvenir del español). Escribió también varios artículos como el que sigue. El texto se publicó  en el diario El País en 2004.

No se sorprenderán si les digo que el turismo es una de nuestras primeras industrias. Pero ¿adivinan qué  sector hay cuyos servicios producen en España un porcentaje de riqueza similar al turístico? Pues nuestro idioma común. Sí, eso mismo, la lengua española. No es difícil entender el porqué: el idioma es un recurso aparentemente inmaterial, sin embargo, no hay actividad económica o mercantil donde no promedie. Dado que las comunicaciones se han desarrollado vertiginosamente en los últimos años, esos medios elementales de comunicación que son las lenguas se han instalado en el centro mismo de la actividad productiva y comercial. Es más, a menudo la agilizan porque actúan como una marca, una etiqueta, una imagen que representa un ámbito libre de las fronteras políticas y de los aranceles que trazan los estados: spanish, espagnol, espanhol, spagnolo, spanisch, spanska... define a un ámbito internacional de 12.207.000 km2 (solo superado por los ámbitos inglés, francés y ruso; unidos al nuestro, los cuatro abarcan lingüísticamente el 67% de la superficie terrestre). Es asimismo un ámbito con cerca de 400 millones de hablantes natos, más 60 millones de personas que lo hablan o estudian como segunda lengua, un código de comunicación que es oficial en numerosos organismos internacionales y cuya actividad negociadora en EEUU, Europa e Hispanoamérica (por orden de rentabilidad) produce unos 500.000 millones de dólares anuales. Un interesante producto, en fin, asociado a esa precisa marca y a esa precisa imagen: español.

Una gran comunidad lingüística se constituye porque previamente se ha tejido una red de intereses económicos que fluyen mejor a través de un código común. Pero una vez establecida la lengua común, ésta se transforma en valor estratégico de primer orden al facilitar la circulación del trato comercial. Hay una simbiosis entre economía y lengua. Éste es el caso de las grandes lenguas comunes occidentales como el francés, el inglés, el alemán, el portugués y, por supuesto, el español: si nuestra lengua ha experimentado un desarrollo multinacional muy considerable desde mediados del siglo XVIII hasta hoy, ha sido porque los hispanoamericanos la consideraron como la única lingua franca posible para el desarrollo humano y económico de sus nacientes repúblicas en un momento en que sólo uno de cada tres americanos hablaba español.