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domingo, 17 de febrero de 2019

Voto a Dios que me espanta esta grandeza


“Yo el soneto compuse que así empieza, por honra principal de mis escritos…” escribía Cervantes de este poema con estrambote (con versos añadidos, en este caso el último terceto) al comienzo del capítulo cuarto del Viaje del Parnaso.

Era frecuente la construcción de arquitecturas efímeras, levantadas (tan rápidamente como después se demolían) para celebrar las ocasiones festivas o para destacar las funestas. En este caso se trata de la muerte de Felipe II en 1598. Se construyó entonces en la catedral sevillana un enorme monumento funerario que Cervantes pudo contemplar  y del que se conserva el grabado de la imagen.


 Sus sensaciones se nos presentan a través de un típico procedimiento de distanciamiento cervantino: un diálogo dramatizado entre dos personajes marginales, un soldado y un matón, que elogian sin medida el túmulo y asienten ante las hipérboles, respectivamente. Muy significativo resulta el mutis teatral del último verso en el queda patente la vacuidad del cenotafio y el desencanto tamizado de ironía de Cervantes, herido de  guerra al servicio del rey difunto para no recibir a la postre ninguna recompensa.

Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla.

«¡Voto a Dios1 que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla2!
Porque ¿a quién no suspende y maravilla
esta máquina insigne, esta riqueza?

Por Jesucristo vivo, cada pieza                                       5
vale más de un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!,
Roma triunfante en ánimo y nobleza.

Apostaré que el ánima del muerto,
por gozar este sitio, hoy ha dejado                                 10
la gloria donde vive eternamente».

Esto oyó un valentón y dijo: «Es cierto
cuanto dice voacé3, señor soldado,
y el que dijere lo contrario miente».

Y luego, incontinente4,                                                   15
caló el chapeo5, requirió la espada6,
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

1Voto a Dios: juramento “usado entre gente inconsiderada y fanfarrona” (Covarrubias).  2describilla: describirla.  3voacé: abreviatura chulesca de “vuestra merced”, fórmula de tratamiento entre iguales similar a nuestro “usted”.  4incontinente: de inmediato.  5caló el chapeo: se puso el sombrero. 6requirió la espada: comprobó que estuviera ajustada en su sitio.

jueves, 8 de marzo de 2018

El discurso de Marcela

Sigue el parlamento de Marcela en el entierro de su enamorado Grisóstomo, al que ella no correspondía, por lo que aquel acabó sus días como desesperado (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, I, XIV). Juzgad vosotros, pues sois prudentes, si se trata de un alegato feminista, como algunos sostienen.

Tomo el texto de la edición de Francisco Rico publicada en el Centro Virtual Cervantes.


Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis decís y aun queréis que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir «Quiérote por hermosa: hasme de amar aunque sea feo». Pero, puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas hermosuras enamoran: que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cuál habían de parar, porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos. Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso. Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien? Si no, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades? Cuanto más, que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo, que tal cual es el cielo me la dio de gracia, sin yo pedilla ni escogella. Y así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprehendida por ser hermosa, que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado o como la espada aguda, que ni él quema ni ella corta a quien a ellos no se acerca. La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe de parecer hermoso. Pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y al alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la intención de aquel que, por solo su gusto, con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda? Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos: los árboles destas montañas son mi compañía; las claras aguas destos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras; y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo, ni a otro alguno el fin de ninguno dellos, bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que cuando en ese mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino? Si yo le entretuviera, fuera falsa; si le contentara, hiciera contra mi mejor intención y prosupuesto. Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido: ¡mirad ahora si será razón que de su pena se me dé a mí la culpa! Quéjese el engañado, desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanzas, confíese el que yo llamare, ufánese el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo ni admito. El cielo aún hasta ahora no ha querido que yo ame por destino, y el pensar que tengo de amar por elección es escusado. Este general desengaño sirva a cada uno de los que me solicitan de su particular provecho; y entiéndase de aquí adelante que si alguno por mí muriere, no muere de celoso ni desdichado, porque quien a nadie quiere a ninguno debe dar celos, que los desengaños no se han de tomar en cuenta de desdenes. El que me llama fiera y basilisco déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera. Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda el que quiere que la tenga con los hombres? Yo, como sabéis, tengo riquezas propias, y no codicio las ajenas; tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero ni aborrezco a nadie; no engaño a este ni solicito aquel; ni burlo con uno ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas destas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretiene. Tienen mis deseos por término estas montañas, y si de aquí salen es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera.


 e seguridad, y para conocer 

lunes, 29 de enero de 2018

Ruta literaria por el Madrid histórico (II): desde Tirso de Molina hasta la plaza de Matute

Tirso esculpido por Rafael Vela del Castillo 
Reanudamos la ruta en la plaza de Tirso de Molina, antes del Progreso, y aún antes espacio que ocupó el convento de la Merced en el que vivió fray Gabriel Téllez, nombre real tras el seudónimo literario de Tirso. El edificio religioso fue vaciado y demolido en 1837 tras la desamortización impulsada por Mendizábal, quien por cierto precedió al escritor en la preeminencia de esta plaza llamada del Progreso entre 1869 y 1939 (allí paraba Benina en la Misericordia de Galdós). En el pedestal de la estatua que le erigió el ayuntamiento en 1943 se pueden leer los títulos de sus obras más representativas: Don Gil de las calzas verdes, El burlador de Sevilla o El condenado por desconfiado. De la plaza salimos por el extremo oriental hacia la calle Magdalena. En su cruce con la calle Lavapiés, pasado justo el teatro Nuevo Apolo, se puede hacer mención a la localización cercana de una de las viviendas conocidas de Cervantes en Madrid. 


Una de las lápidas en el zaguán de San Sebastián
De Magdalena parte la calle Luis Vélez de Guevara, dramaturgo también del XVII, por la cual llegaremos hasta la de Atocha para bajar unos metros hasta su  número 39 y acceder al zaguán de la iglesia de San Sebastián, parroquia de este barrio de escritores desde su fundación en la segunda mitad del siglo XVI sobre una antigua ermita. En su archivo hay constancia documental de bautizos, bodas y defunciones de los ilustres habitantes del barrio (tres lápidas lo recuerdan en la pared de su entrada), razón por la que se declaró el edificio monumento histórico-artístico, si bien no lo parezca por su actual arquitectura, reconstruida en los 40 tras el bombardeó que la destruyó en 1936. En el lado frontero a las calles de San Sebastián y Huertas hubo un cementerio donde se enterró a Lope de Vega en 1635 y que hoy es una floristería. Frente a la misma estuvo la fonda de San Sebastián, lugar de reunión de una tertulia literaria muy activa en la segunda mitad del siglo XVIII, capitaneada por Nicolás Fernández de Moratín y frecuentada por José Cadalso. De este último, autor de las Cartas Marruecas, se cuenta que, desesperado, intentó desenterrar en el vecino cementerio a su amante, la actriz María Ignacia Ibáñez. El episodio, recreado en sus Noches lúgubres, se tiene por más legendario que histórico. Como fuera, su relato constituye un anticipo del sentir prerromántico en tiempo de los ilustrados.

Atravesamos en dirección noroeste la contigua plaza del Ángel para tomar la calle Espoz y Mina hasta que corta con la calle Cruz. En la intersección de ambas un mural y una placa  recuerdan el desparecido corral de la calle Cruz, situado en las cercanías, tal vez más próximo a la plaza del Ángel que la placa conmemorativa del ayuntamiento. Allí estrenaron sus obras los grandes dramaturgos españoles desde su puesta en funcionamiento a finales del XVI hasta su demolición (¡esa  manía de tirarlo todo!) en 1859. Lope fue prendido en ese lugar por los libelos contra Elena Osorio en 1587 y Zorrilla trabajó en exclusiva para el empresario Lombía que gestionó el teatro hacia 1840 y se enriqueció con el Tenorio y otras creaciones igualmente populares del poeta vallisoletano.
José Zorrilla por los años que escribía para el teatro de la Cruz
Tomamos desde allí la calle dedicada al poeta madrileño del siglo XV Juan Álvarez Gato, más conocido por el callejón del Gato de Luces de Bohemia, para ver los dos espejos deformantes, cóncavo  y convexo, que inspiraron el famoso parlamento del esperpento a Valle-Inclán puesto en boca de Max Estrella. Salimos a la calle Núñez de Arce, poeta  activo en la segunda mitad del XIX y nos adentramos en la plaza de Santa Ana. Conviene detenerse junto a la estatua de Calderón de la Barca si no está muy rodeada de grupos como el nuestro. En sus bajorrelieves se representan cuatro escenas de su obras, entre ellas dos de las más representativas, La vida es sueño y El alcalde de Zalamea. Es buen lugar para explicar el origen de la plaza, que debe su nombre al solar del convento carmelita fundado por Juan de la Cruz en 1586 y derribado por orden del rey José I, también conocido en Madrid por tales decisiones como Pepe Plazuelas. Buen servicio hizo en esta ocasión el francés. Descendemos la plaza hasta la estatua de Lorca para contemplar la fachada del teatro más representativo de Madrid.
Recreación de una representación en el antiguo corral del Príncipe (J. Comba)

El hoy llamado Teatro Español se levanta con ese nombre desde 1849 en el mismo lugar que en el XVIII ocupó el Teatro del Príncipe y desde 1583 el corral de comedias que tomaba el nombre de la calle aledaña, fundido con el contiguo de la Pacheca. Se trata por tanto de un espacio que lleva dedicado a la representación dramática más de cuatro siglos, descontando incluso el periodo de reforma de corral a teatro (entre 1735 y 1745) y los cinco años de reconstrucción tras el incendio de 1802. Si la plaza no está muy ruidosa será buen sitio para explicar frente a su fachada la estructura de los corrales y la secuencia de las representaciones. También merecen un apunte los medallones en relieve dedicados a los grandes dramaturgos que decoran la fachada. 


Avanzando por la calle Príncipe hasta el cruce con Huertas toparemos con el número 18 de la misma, donde debió de habitar Cervantes entre 1612 y 1615 (en su tiempo fue el número 13). Allí le envió sus consejos para los poetas españoles el mismo dios Apolo en la Adjunta del Viaje del Parnaso. La placa conmemorativa se puede ver justo por encima del portal del restaurante Casa Alberto, un clásico del Madrid gastronómico por antigüedad y mérito. Unos pocos metros más abajo de Huertas se abre la plaza de Matute. En la parte que se acercaba más a Atocha estuvo el Real Colegio e Iglesia de Loreto, a cuyo huerto daba otra de las viviendas que ocupó el buen alcalaíno en Madrid. En el 5 de esta plaza estuvo también la primera imprenta del periódico El Imparcial y pegado a la misma habitó el poeta José Zorrilla. Buen sitio para hacer breve pausa antes de la última etapa.

sábado, 6 de mayo de 2017

Ruta literaria por el Madrid histórico (I): desde la Encarnación a Tirso de Molina)

Muchos recorridos ofrece Madrid para seguir los pasos de los grandes autores del Siglo de Oro. Mis alumnos caminaron por el siguiente hace pocas fechas para celebrar el comienzo de la primavera.

Lope de Vega esculpido por Mateo Inurria (1902)
Comenzamos en la estatua de Lope de Vega situada en la plazuela de la Encarnación. El bronce representa al Fénix con el hábito de sacerdote de sus últimos años. En este punto, bastante tranquilo a cualquier hora, se puede hablar de la biografía y la obra del autor sin ruidos de coches y leer alguno de sus poemas. En el pedestal se puede apreciar el escudo de Madrid vigente entre los siglos XIX y XX, con sus tres cuarteles, lo cual se puede aprovechar para explicar los orígenes de ciudad y su elección como asentamiento permanente de la corte desde 1561, un año antes de que naciera el autor.

 Desde allí, cruzando los jardines del cabo Noval y la plaza de Oriente por su lado más cercano al
Inscripción en la arcada del atrio de San Ginés
Teatro Real, se puede admirar la estatua ecuestre de Felipe IV y apuntar la relación del rey con el mundo del teatro, especialmente con las actrices y más particularmente con María Calderón, una de sus más duraderas amantes y madre del bastardo Juan José de Austria. Embocamos la calle de Carlos III y seguimos por Vergara para llegar a la plaza de Isabel II y detenernos un punto en la maqueta que representa las murallas del Madrid medieval. Seguimos  por la calle del Arenal hasta la iglesia de San Ginés, en cuyo atrio nos detenemos y recordamos la boda por poderes de Lope de Vega con Isabel de Urbina el 10 de mayo 1588 antes de salir al destierro de Castilla y de Madrid. Pocos años antes, el 26 de septiembre de 1580, había sido bautizado Francisco de Quevedo, como recuerda la inscripción en su frontal.

Por la travesía o pasadizo de San Ginés rodeamos la parroquia, sin parar en la chocolatería,  buñolería modernista en Luces de Bohemia de Valle-Inclán, a la que ya le dedicamos entrada. Tomamos la calle Coloreros hasta su cruce con Mayor y nos detenemos para contar el asesinato del poeta Juan de Tassis y Peralta, conde de Villamediana, acaecida en ese lugar la noche del 21 de agosto de 1622. Hay placa del ayuntamiento en recuerdo del suceso, poca acera y tanto ruido que se hace difícil perfilar una semblanza o leer la décima famosa atribuida a Góngora ("Mentidero de Madrid, / decidnos, ¿quién mató al conde?").

Bajando Mayor hasta pasado  el cruce con la cava de San Miguel llegamos a la antigua ubicación de la Puerta de Guadalajara, acceso a la muralla cristiana medieval de la villa derribada en 1582. Muy cerca, bien en la calle Milaneses o en la de Santiago, zona donde se asentaban los plateros de laVilla, vino al mundo Lope de Vega a fines de noviembre de 1562.  En la vecina iglesia de San Miguel de los Octoes, derribada en 1790, fue bautizado el Fénix. Ocupaba el solar del actual mercado, tan ajetreado.

Poco más abajo, en el número 61 de Mayor, otra placa recuerda también la casa en la que vivió y  murió en 1681 el dramaturgo Pedro Calderón de la Barca. La edificación fue reformada en 1859 (se ampliaron dos pisos además del primero o principal que ocupó el autor de La vida es sueño), tiempo del que data la inscripción de la fachada, alentada por Ramón de Mesonero Romanos, príncipe de los cronistas de Madrid, quien evitó además su derribo tras una campaña en prensa (ejemplo a seguir).

Entramos en la plaza de la Villa y nos detenemos delante del antiguo edificio del Ayuntamiento, obra de Juan Gómez de Mora, principal arquitecto del Madrid del XVII. Dando la espalda al mismo y de izquierda a derecha de nuestra vista, recordamos la desaparecida iglesia de San Salvador, desde donde el diablo Cojuelo muestra a don Cleofás lo que los tejados de Madrid escondían en la novela de Luis Vélez de Guevara. De la Torre de los Lujanes interesa señalar, además de su antigüedad (el edificio civil más vetusto de la villa: data del siglo XV), que suena a menudo como probable albergue y prisión del rey Francisco I de Francia tras su derrota en Pavía, circunstancia que no se ha podido documentar. Por útimo, la estatua de don Álvaro de Bazán sirve para rememorar alguna de sus acciones bélicas: Lepanto, con la que de paso nos acordamos de Cervantes, y la toma de la isla Terceira en las Azores a los portugueses rebeldes, en cuya batalla naval previa (1582) militó un joven soldado llamado Félix Lope de Vega.
La placa en el edificio donde estuvo el Estudio se debe al bueno de Mesonero Romanos

Salimos de la plaza por el arco de da a la calle de Madrid , lo cual aprovechamos para hablar de su lema ("Fui sobre agua edificada / mis muros de fuego son"), ideado  por Juan López de Hoyos, a cuyo estudio nos dirigimos siguiendo Sacramento y  descendiendo el  pretil de los Consejos.  Ya en la calle de la Villa, nos detenemos para hablar del Estudio de Humanidades de la villa, y de la relación entre el humanista López de Hoyos y el joven Cervantes, su "caro y amado discípulo" hasta 1568. En esta escuela, sostenida con fondos municipales se enseñaba el latín necesario para seguir las clases en la universidad. Entró en crisis poco después, en parte por el  éxito de los jesuitas de la calle Toledo, de los que más adelante hablaremos.

Restos de la muralla medieval en la calle del Almendro
Bajamos la calle hasta la plaza de la Cruz Verde (símbolo de la Inquisición), cruzamos Segovia y remontamos la cuestecilla de la plaza de la Paja hasta la placa que en edificio de la derecha recuerda que de allí partió Ruy González de Clavijo, embajador del rey Enrique III de Castilla, a visitar al Gran Tamerlán en su corte de Samarcanda. El relato de su viaje constituye la primera crónica de viajes de nuestra literatura castellana (fue escrito hacia 1406). Tomamos la calle del príncipe Anglona y subimos la costanilla de San Pedro hasta girar a la izquierda en la calle del Almendro para admirar los restos de la muralla medieval cristiana, cuyos sucesivos derribos para ampliar la ciudad a finales del siglo XVI bien pudieron inspirar a Quevedo el verso inicial de su soneto célebre: "Miré los muros de la patria mía..."

Desde allí seguimos Almendro hasta desembocar en la calle Toledo frente al IES San Isidro, antiguamente Colegio Imperial y después Reales Estudios. Este centro educativo lleva funcionando sin apenas interrupción en Madrid desde mediados del siglo XVI, gestionado principlamente por los jesuitas, hasta que pasó a la titularidad pública a mediados del XIX. Aquí estudiaron Lope de Vega y Quevedo, entre otros, y fue profesor Nicolás Fernández de Moratín, escritor madrileñista y padre del dramaturgo Leandro.  Tras asomarnos a admirar el patio barroco, tomamos la calle Estudios y giramos en la del Duque de Alba hasta llegar a la plaza de Tirso de Molina, lugar propicio para el café o el bocadillo. Lo que a continuación vimos y paseamos se referirá en próxima entrada.


domingo, 20 de diciembre de 2015

Tema 7- La novela europea en el S. XVIII. Los herederos de Cervantes y de la picaresca española en la novela inglesa.



Al comenzar el siglo, aunque el índice de analfabetismo era todavía alto, la población lectora había aumentado bastante, sobre todo entre la clase burguesa y entre las mujeres de las clases acomodadas. Esto influyó en la difusión del conocimiento y de la literatura, que dejó de ser exclusiva de la aristocracia y se extendió a la creciente burguesía. Por otra parte, la actitud crítica característica del pensamiento ilustrado se vio reflejada en el auge de la sátira y de la ironía en la literatura europea. En Francia, el ilustrado Voltaire (tema 6) atacó sin piedad la intolerancia religiosa, la injusticia y la superstición con un lenguaje claro y directo. La ironía y la sátira de costumbres fueron también muy del gusto inglés. 

Escena costumbista londinense de Hogarth, pintor satírico inglés del XVIII

La novela epistolar alcanzará en este siglo un gran auge. El artificio narrativo de la fingida correspondencia entre dos interlocutores garantizaba la verosimilitud exigida por el pensamiento ilustrado, a la vez que permitía el análisis contrastado de la realidad desde diversos puntos de vista y la introducción de reflexiones y digresiones sobre temas diferentes. Por otro lado, su confidencialidad conectaba con la sensibilidad del lector, especialmente la del público femenino, que se sentía más implicado en el texto como testigo directo de la interioridad de los personajes. Montesquieu había establecido el  modelo con sus Cartas persas (1721). Posteriormente el género adoptó un punto de vista más psicológico con Richardson (Pamela, 1740) y Choderlos de Laclos (Las amistades peligrosas, 1782). La autobiografía también se fomenta en este siglo debido al deseo de dotar a los textos ficcionales de autenticidad y verosimilitud. Se acentuó así la preferencia por la primera persona narrativa y fue habitual, como en la novela epistolar, el relato de las propias experiencias a modo de memorias o autobiografía: Confesiones de Rousseau (1789) es una de las referencias obligadas al hablar de las memorias en el siglo XVIII.

La novela es, junto con el ensayo, el género de mayor importancia durante el siglo XVIII. Se pueden distinguir dos tendencias fundamentales:

a) La novela didáctica o satírica, relacionada con los planteamientos del pensamiento burgués de exigir a la narración verosimilitud, que utiliza como recurso frecuente del libro de viajes, con el que sitúa a un protagonista como testigo de diversos hechos reales o ficticios en el marco de culturas propias o ajenas. Daniel Defoe (Robinson Crusoe, 1719) y Jonathan Swift (Viajes de Gulliver, 1726) son los ejemplos más destacados.

b) La novela sentimental, que abre el camino a la novela romántica, estaba centrada en el análisis de los sentimientos y reflejaba los nuevos gustos que estaba imponiendo la burguesía. Este tipo de novela utilizó con frecuencia la forma epistolar. Entre los representantes del género destacan Richardson (Pamela o la virtud recompensada, 1740), Rousseau (Julia o la nueva Eloísa, 1761) y Bernardin de Saint Pierre (Pablo y Virginia, 1788).


LA NARRATIVA INGLESA: EL NACIMIENTO DE LA NOVELA BURGUESA

La novela moderna en Inglaterra se inicia con la obra de DANIEL DEFOE (1660-1731). Defoe era un comerciante con formación religiosa que dedicó los últimos años de su vida a la escritura. Su primera novela, Robinson Crusoe (1719), supuesta narración autobiográfica del joven aventurero Robinson que naufraga en una isla desierta, en la cual permanece 27 años hasta que consigue ser rescatado. Durante todo este tiempo tiene que adaptarse a las condiciones de vida en la isla, primero en completa soledad, después en compañía del nativo Viernes. Es una historia de superación personal, de lucha en solitario del hombre frente a las circunstancias, que representa el valor del individuo frente a la sociedad, en una naturaleza de la que aprende sus reglas y a la que logra dominar mediante la razón, lo que se ha interpretado como modelo o justificación del colonialismo inglés. En Moll Flanders (1722) Defoe narra la vida de la protagonista desde su nacimiento, en el seno de una familia muy pobre, hasta que con su astucia y esfuerzo consigue ascender en la escala social.

JONATHAN SWIFT (1667-1745) nació en Dublín; su compromiso por mejorar la situación de Irlanda lo llevó a intervenir activamente en política a lo largo de toda su vida. En Inglaterra realizó estudios eclesiásticos y se ordenó por la iglesia anglicana. Su capacidad satírica que alcanzará su máxima expresión en Los viajes de Gulliver (1726). La acción de este libro transcurre, en la primera parte, en el país de Liliput, cuyos habitantes son unos seres diminutos. La segunda parte se desarrolla en el país de los gigantes, en el que Gulliver se convierte en el juguete de una niña. La tercera parte transcurre en el país de Laputa, formado por un territorio fijo y una isla volante. Y la cuarta, que encierra una crítica social más amarga, se desarrolla en el país de unos caballos, los houyhnhnms, que tienen una sociedad muy bien organizada. El artificio del viaje le permite a Swift hacer un curioso recorrido por países y sociedades de costumbres muy diferentes que le sirve para acentuar el contraste y la perspectiva crítica. El resultado es una amarga reflexión sobre la condición humana y la corrupción social. Ridiculiza el comportamiento humano en las sociedades civilizadas y hace sátira de las ciencias, de los inventores y los matemáticos, de la guerra, la justicia...

SAMUEL RICHARDSON (1689-1761) puede considerarse como el padre de la novela sentimental. Son notas comunes a sus obras Pamela o la virtud recompensada (1740) y Clarissa la forma epistolar y el tema de la honra. En Pamela, se narra la historia de una sirvienta que resiste a los continuos intentos de seducción de su patrón hasta que consigue llevarlo al matrimonio. Las tramas lacrimógenas le dieron éxito, pero también le convirtieron en objeto de duras críticas. No faltaron parodias de los folletines de Richardson, como Shamela de Henry Fielding. Géneros del sigo XX como la novela rosa o la telenovela tienen su primer antecedente en Richardson.
HENRY FIELDING (1707-1754), novelista y dramaturgo inglés, destaca por la orientación satírica y humorística de su producción novelística. La historia de Tom Jones, expósito (1749), su obra más conocida, es una novela picaresca en primera persona que relata la vida y aventuras del joven y apuesto protagonista. Abandonado de bebé, creció al cuidado del bondadoso señor Allworthy junto a su hijo. Ya joven, sus pretensiones hacia Sophia Western, la hija de un acaudalado aristócrata, hacen que sea expulsado de la casa. A partir de entonces comienzan sus andanzas, que incluso le llevan a la cárcel. Concluye la novela con el ansiado matrimonio con Sophia, que se logra consumar al descubrirse que en realidad es hijo de la hermana del señor Allworthy, su protector. La sociedad de la época aparece retratada con un amplio abanico de personajes de todas las clases sociales

El clérigo irlandés LAWRENCE STERNE (1713-1768) es la  última de las grandes figuras de la novela inglesa del XVIII. Admirador de Cervantes, Rabelais y Swift, Sterne es un escritor que se adelantó a su tiempo. Su obra cumbre, Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy (1767), difícil de catalogar, no fue entendida por la crítica del momento. 

Juegos gráficos en Tristram Shandy
Se publicó por entregas a lo largo de ocho años en nueve volúmenes, a modo de autobiografía del narrador. Sin embargo las continuas anécdotas y digresiones, retratos y escenas humorísticas, alusiones a escritores, pensadores y filósofos, van retardando la trama central, que queda así diluida. Su singularidad formal reside en la experimentación estructural, en la utilización de recursos gráficos poco usuales, como dejar una página en negro, emplear distintos tipos de letra, puntos suspensivos... Emplea además un lenguaje informal, directo y atrevido, con fragmentos en latín y francés, juegos de palabras y dobles sentidos. Con todo ello hace una parodia, con claras reminiscencias cervantinas, de las técnicas narrativas del momento


INFLUENCIA DE LA PICARESCA Y DE CERVANTES EN LA NOVELA DEL SIGLO XVIII

La novela moderna surge en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XVIII a partir de la senda abierta en España en los dos siglos anteriores por la novela picaresca y el Quijote, que dieron entrada a la realidad sin moralizarla en un sentido religioso. Se va abandonando, para las narraciones ficticias en prosa, la opción denominada en inglés romance: ficciones fantásticas, idealizadas y escapistas protagonizadas por caballeros andantes o héroes de la antigüedad. El nuevo género literario elige lo verosímil y va manifestándose gradualmente como el medio más apto para expresar de manera realista las características de la sociedad. Así, la novela picaresca aporta a los autores europeos del siglo XVIII un modelo narrativo en el que destaca la verosimilitud, la parodia, el reflejo crítico de la sociedad y un estilo sencillo. No obstante, encontramos huellas más concretas de su influencia en Moll Flanders, de Daniel Defoe. Esta obra cumple las características propias del género picaresco: narración en episodios, evolución del personaje en función de los hechos que le suceden, cambio de clase social de la protagonista, el engaño como principio de actuación, fingimiento narrativo por el cual el autor se hace pasar como editor, etc. En Francia, la principal muestra del género picaresco es la Historia de Gil Blas de Santillana (1715-35) de Alain-René Lesage.

Edición inglesa del Quijote
La obra de Cervantes influye en la narrativa europea del siglo XVIII por la parodia de los géneros y el humor irónico que, al poner en cuestión los modelos narrativos existentes, abre el camino hacia una nueva forma de novela; y, sobre todo, por la evolución que presentan sus personajes. Este último rasgo es la enseñanza fundamental que aprenden los escritores ingleses y franceses. En el Quijote los personajes se transforman, no son estereotipos iguales desde la primera hasta la última página. Son seres muy distintos a los que ofrecían los modelos narrativos de siglos anteriores, el caballero de los libros de caballerías, el pastor de la novela pastoril, o la pareja de enamorados de la novela bizantina. A don Quijote y a Sancho según les van ocurriendo cosas van actuando de manera diferente. Esto crea en el lector una expectativa, pues nunca sabe cómo el héroe va a resolver los obstáculos que se le presentan y, por tanto, desconoce cuál será el desenlace de la narración, a diferencia de lo que ocurría con los géneros de ficción citados anteriormente. En definitiva, la herencia cervantina tuvo en Inglaterra tanta fuerza, que contribuyó a la creación de obras con auténtica calidad literaria. Henry Fielding escribió una obra de teatro, Don Quixote in England (1727), y afirma que Joseph Andrews está escrita, como indica su subtítulo  "a la manera de Cervantes", mientras que en Tom Jones el paralelismo parece claro en la relación entre amo y criado. En los Viajes de Gulliver, de Swift o en el Tristam Shandy, de Sterne se busca la parodia de las formas narrativas de moda en ese momento, como Cervantes hizo parodia de los libros de caballerías.